En ENTRE LÍNEAS, Domine ya había dejado claro que sabía hablar de amor sin florituras. Pero con “El Espíritu del Deseo”, su nuevo single, directamente apaga las luces, sube el volumen y se lanza a la calle sin mirar atrás. Es la cara más descarada del álbum, el capítulo donde el personaje decide romper con la rutina y entregarse a la noche como si fuera un culto al placer instantáneo.
Aquí no hay moralejas ni remordimientos. Solo un protagonista que sale del trabajo, se sacude la semana de encima y pisa el asfalto decidido a quemar la ciudad a golpe de sudor, seducción y exceso consentido. Es el tipo de noche que empieza con una copa y acaba en una historia que nadie contará en voz alta.
Domine construye la escena con precisión quirúrgica: sintes que no paran de empujar, guitarras que se encienden como luces rojas de un club y una voz que juega entre la provocación y la complicidad. No necesita ouija para invocar nada: el deseo está ahí, latiendo fuerte, sentado en la mesa de mezclas.
La canción tiene esa urgencia ochentera que huele a neón, cuero y humo. Se nota en la velocidad, en la actitud y en la estética sonora que bebe de los primeros discos de Tino y Luz Casal, pero también de la electricidad pura del Maniacde Michael Sembello. Domine lleva esa influencia al 2025 con la misma soltura con la que The Weeknd o Harry Styleshan devuelto los 80 a la primera línea del pop.
“El Espíritu del Deseo” no pide permiso ni busca aprobación. Es un tema que se mete bajo la piel, que activa el pulso y que convierte cualquier trayecto en una pista de baile improvisada. Es Domine abrazando su lado más hedonista, sin filtros, sin miedo y con una producción que hace que el cuerpo responda antes que la cabeza.
En un disco lleno de matices emocionales, este single es el golpe de realidad más sucio y más divertido: una invitación a salir, a perderse y a dejar que la noche haga lo que quiera.

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