Parto por la necesidad de expresar lo que veo, siento, pienso y anhelo, y luego por el deseo de compartirlo. Y ahí entra lo que considero lo más importante en la labor comunicacional de un músico: el público. En el camino uno va buscando el espacio en donde es mejor recibido, y con honestidad, me hace más feliz cantar para siete personas que compartan, escuchen y dialoguen, que con una masa amorfa que está más pendiente de la bebida. El público hace un concierto, yo voy a compartir y a dar lo mejor siempre, sin guardar voz ni ganas para el día siguiente.
¡Jamás! Nunca he hecho una canción pensando en que le guste a alguien, menos para encajar en una industria musical, que en mi país es prácticamente inexistente, y que a nivel mundial sólo está normalizando la estupidez y la ignorancia. No puedo ser parte de ese lamentablemente exitoso Plan Mundial de Embrutecimiento Sistemático. Mis canciones nacen para acompañar, para dar impulso y compañía, para dar ánimo y también para revelar y rebelarse ante la comodidad, la desidia, la queja triste y la inacción. Así las siento y las valoro. Por eso mi norte no está en la ruta del éxito o la masividad.
Que palabra tan hermosa y tan devaluada en éstos tiempos sin tiempo. Artista: un visionario y creador, que comparte emociones para proponer un mundo mejor. Y que alejado de lo que la mayoría de medios difunden. Ser artista no es ni será fácil. Porque se tiene al mundo en contra. A la familia, a los amigos, a los conocidos, al mecanismo social que te quiere esclavo de un horario y de la rutina, etc… Por eso la urgencia de Artistas de verdad, con mayúscula. Que graben en su casa está bien. Yo grabé dos discos en casa, en una época muy díficil en mi país, casi cero presupuesto, sólo pagué la mezcla y el mastering, y fueron los que más laburo me dieron (!), me hicieron viajar, reír, comer y bailar, y aquí estoy. Lógicamente volver a grabar en un estudio con profesionales que elevan y nutren el material es invaluable, como el caso de Ricardo Tafur, co-productor de mi nuevo disco. Lo vital es la propuesta más allá de donde se grabe.
“La música une”. Es mi lema y mi leiv motiv. Lo llevo tatuado en la piel, y es el mayor de los aprendizajes. La frase me llegó en una ceremonia de Ayahuasca, y desde hace trece años la comparto. La música une los propios pedazos y con los demás. Sana, salva, revela, educa y rebela.
“Reflexiones Paramusicales: Creer para Crear” es mi nuevo libro-disco, el cuarto proyecto publicado en España por la editorial Ediciones Ruser y distribuido por el sello MusicHunters. Propone despertar el impulso creativo en general, seas músico o no. Contiene 21 capítulos y 21 canciones creadas especialmente para cada capítulo. Recién van saliendo tres canciones y es un proyecto de largo aliento. Lo ofrezco en cada presentación de la gira.
Es la novena vez que cruzo el charco y la verdad que aplaudo a quienes siguen apostando por la música en vivo, con respeto y amabilidad para con los músicos, y que no se han puesto de rodillas ni abandonado la nave pese a todas las absurdas imposiciones de normas y leyes. Aplaudo y agradezco también al público que sigue dándole vida a los pequeños locales, y que mantienen el espíritu de lo que significa compartir y celebrar que la música une. Lamento sí que hayan salas que cobren al músico por presentarse, cuando debería ser al revés, que no muevan un dedo para hacer publicidad, y encima se las pegan de abanderadas de la canción popular cuando en realidad les falta cobrar el aire. Musicalmente hablando siempre será impresionante, sobre todo lo que viene de lo independiente, del bar de la esquina, del escenario alternativo, de la voz real y propia. Y claro, lo que hacen los maestros siempre es una lección de altura y calidad.
Activo, creativo, inconforme y apasionado.
Tengo a varios en mente, ojalá se me cumpla, pero sin dudarlo a Quique González. Con conocerlo sería feliz. Tengo mucho que agradecerle que no sabría que decirle, quizá solo le daría un fuerte abrazo. Y abrir un concierto suyo sería un gran honor.
Que sigan adelante. Que crean en ellos mismos y en lo que les sale de las entrañas. Que no sigan modas. Que usen las influencias para licuarlas con su propia voz y sentimientos. Que lo hagan con urgencia, sin buscar fama y que nunca lo hagan por dinero, sino porque arde y porque es urgente expresarse y compartir. Que sean, ante todo y contra todos, ellos mismos siempre.

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