Trötegalôpe inicia un nuevo capítulo con “Carnaval”, carta de presentación de su segundo álbum y síntoma claro de cambio. La banda pone el foco en esa tensión constante entre la ambición y el desgaste, entre el deseo de alcanzar algo grande y el miedo silencioso a no saber exactamente qué se está persiguiendo. La canción retrata esa carrera acelerada por destacar, exponerse y mantenerse visible, incluso cuando el precio es perder el norte.
Desde lo íntimo, “Carnaval” acaba adquiriendo un pulso colectivo. Cuando el grupo la lleva al terreno compartido, la experiencia personal se convierte en espejo generacional: la presión por sobresalir, la ansiedad de la inmediatez y la paradoja de sentirse lejos de todo aun cuando, aparentemente, las cosas funcionan. Este single no solo adelanta un disco, sino que señala un punto de inflexión. Hay evolución sonora, pero también una revisión vital construida desde la autocrítica y la voluntad de crecer sin renunciar a la esencia.
El videoclip, dirigido por Dani Cuenca bajo el sello Poder del Pop, amplifica ese tránsito emocional a través de dos escenarios simbólicos. Rodado entre la playa de Somo y el Cabo Mayor —raíces y punto de partida— y enclaves icónicos de Madrid como la Puerta del Sol y la Plaza de Callao, el vídeo traza un diálogo entre origen y presente. Santander y Madrid aparecen como paisajes emocionales: el lugar donde todo comienza y la ciudad donde se afianza una vocación, donde tantas bandas aprendieron a convertir la incertidumbre en identidad.
Con “Carnaval”, Trötegalôpe no canta a la llegada, sino al trayecto. A la caída, la duda y la reconstrucción como impulso creativo. El primer paso de un segundo disco que promete profundizar sin perder el pulso, avanzar sin olvidar de dónde viene.

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