Hay discos que nacen con vocación de statement generacional… y luego está “Parece que no ha cambiado”, el nuevo trabajo de Matt Miller, que juega precisamente a lo contrario: a moverse entre contradicciones, mirarse en el espejo y preguntarse —sin demasiada épica— si de verdad algo ha cambiado.
El álbum, formado por 13 cortes, se despliega como un pequeño mapa de obsesiones personales donde caben la falta de empatía, el individualismo rampante y esa sensación de ir a lo tuyo mientras el resto hace lo mismo. Nada especialmente nuevo bajo el sol, pero aquí está la gracia: Miller no pretende descubrir América, sino ponerle banda sonora a esa inercia que todos reconocemos.
En lo musical, el disco se permite el lujo de ser ecléctico sin pedir perdón. Hay ecos de sus años de formación, referencias que miran al pasado pero con un pie bien plantado en el presente, y un aire casero que se nota —para bien— en gran parte del metraje. No es casualidad: buena parte del álbum se ha cocinado en su propio estudio doméstico, lo que le da ese punto cercano, casi de puerta entreabierta, como si las canciones se hubieran colado sin hacer demasiado ruido.
El viaje suma además colaboraciones que elevan el conjunto, como las de Lula Bertoldi y Gabriel Pedernera (Eruca Sativa), que aparecen para añadir músculo y matices sin robar protagonismo. Aquí todo gira en torno a la mirada de Miller, que firma un trabajo honesto, irregular por momentos, pero con suficiente personalidad como para mantener el interés.
Disponible desde el 6 de abril en plataformas digitales, “Parece que no ha cambiado” no viene a revolucionar nada. Ni falta que le hace. A veces basta con observar bien el ruido de fondo y saber transformarlo en canciones que, sin hacer mucho aspaviento, se quedan rondando más de lo que uno esperaba.

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