VicSan y Brigida convierten la Sala Maravillas en un huracán de canciones y emociones

 

La noche del 8 de mayo en la sala Sala Maravillas volvió a demostrar que el circuito emergente sigue siendo uno de los lugares más emocionantes donde descubrir música de verdad. En tiempos donde llenar una sala parece una batalla constante para las bandas que empiezan, propuestas como las de VicSan y Brigida confirman que, cuando las canciones tienen alma, el público termina respondiendo.

La encargada de abrir la velada fue la italiana Brigida, que apareció sobre el escenario acompañada únicamente de un piano y de una puesta en escena sobria, casi desnuda. No necesitó nada más. Su concierto fue creciendo poco a poco hasta envolver por completo a una audiencia que pasó de la curiosidad inicial a un silencio reverencial. Hubo espacio para el desamor, la nostalgia y también para esa sensibilidad melódica que caracteriza sus composiciones. Temas ya conocidos convivieron con sus nuevas canciones en castellano, como “Carole King” o “Tiempo Perdido”, además de adelantar un tema inédito que verá la luz después del verano. La conexión con el público fue inmediata y terminó dejando una de esas actuaciones íntimas que convierten una sala en algo parecido a un refugio compartido. 

 


Tras una breve pausa llegó el turno de VicSan, que aterrizaba en Madrid para presentar “Las curvas del aire y del ruido”, un debut que ya deja entrever una personalidad artística muy definida. Desde el primer minuto quedó claro que su propuesta juega en otra dimensión en directo: intensidad constante, un sonido muy trabajado y una banda que funciona como una maquinaria perfectamente ensamblada. 

Con cinco músicos sobre el escenario y una instrumentación rica en matices —violín, teclados, guitarras, bajo y batería—, el grupo construyó un concierto dinámico y contundente. Cada canción parecía pensada para mantener el pulso emocional del público sin perder nunca la coherencia del repertorio. Hubo momentos para la descarga más eléctrica con “Por lo civil o por lo criminal” o “La Polinesia”, pero también para bajar revoluciones y dejar que las emociones ocuparan el centro con piezas como “Tiempo Hostil” o “El Huracán”, que en directo adquieren una dimensión mucho más épica que en estudio.

Uno de los momentos más especiales de la noche llegó con el estreno de “Velo Blanco Fugaz”, próxima canción del artista balear y nueva muestra de que el proyecto sigue creciendo paso a paso. Pero el tramo final todavía guardaba varios golpes definitivos: “La Santa Fe”, “La Cura del Tiempo” y, especialmente, “El Alambre”, terminaron de transformar la sala en una celebración colectiva donde banda y público parecían empujar en la misma dirección.

Más allá del buen sabor de boca, conciertos como este sirven para recordar que la escena emergente continúa generando proyectos sólidos, honestos y con una personalidad cada vez más definida. Lo difícil no es encontrarlos; lo difícil es entender cómo todavía hay propuestas así tocando ante medias entradas.


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