Madrid no suele ponérselo fácil a quien camina fuera del circuito evidente. Menos aún cuando el calendario conspira con un puente a la vuelta de la esquina. Aun así, el 30 de abril hubo quien decidió jugársela sin red: Vikxie convirtió la sala Clamores en el epicentro de su universo para defender Solar, un disco que no solo amplía su paleta sonora, sino que también deja ver sus costuras más íntimas.
Lo que se vivió allí no fue un simple bolo de presentación, sino una declaración de intenciones. Sobre el escenario, el madrileño se rodeó de una banda compacta, afilada, que empujó cada tema como si fuera el último. El resultado: una hora y media sin apenas respiro, donde la intensidad fue norma y el discurso, directo. Hubo incluso espacio para lanzar alguna pulla al engranaje de la industria, en un gesto que sonó más a desahogo honesto que a pose.
Uno de los grandes interrogantes de la noche pasaba por comprobar cómo respiraban en vivo las canciones de Solar, un trabajo rico en capas y matices. La respuesta llegó pronto: formato de cuarteto, con apariciones puntuales de saxo, y una adaptación que no solo mantenía la esencia del estudio, sino que la reforzaba con un extra de nervio. Desde el arranque con “Kamikaze” y “Mutantes”, quedó claro que aquello iba en serio.
El repertorio, bien hilado, alternó material nuevo con clásicos, trazando una especie de mapa emocional por la trayectoria de Vikxie. Temas como “Equilibrio Perfecto” o “Tiempo al Tiempo” —arropados por el saxo— conectaron con la nueva etapa, mientras “Cielo Cibernético” o “F.A.V.” terminaron de encender a un público que ya estaba completamente dentro.
A partir de ahí, el concierto entró en una espiral de rock sin filtros. La banda disfrutaba, y se notaba. Y cuando eso ocurre, el contagio es inmediato: la sala entera cantando, coreando, empujando cada estribillo como si fuera propio. Entre medias, también hubo hueco para bajar revoluciones y dejar paso a lo personal, con agradecimientos que aterrizaban el relato en lo humano, lejos del ruido.
El tramo final fue puro combustible. Con la sensación de que nadie tenía prisa por irse, Vikxie tiró de repertorio más reconocible para cerrar el círculo: “El Club de los Ladrones” o “La Banda Oficial” funcionaron como ese golpe definitivo que deja sin aire, pero con ganas de más. Y cuando parecía que todo estaba dicho, apareció la sorpresa: “Ni Tú ni Nadie”, revisitada con respeto y personalidad, como broche perfecto para una noche que acabó con sonrisas y cierta euforia compartida.
Lo de Clamores no fue solo un concierto más. Fue la confirmación de que Vikxie sigue afinando el equilibrio entre lo que escribe y lo que defiende en directo, sin que ninguna de las dos patas cojee. Solar encontró su lugar sobre las tablas, y dejó claro que, aunque el camino no sea el más fácil, hay batallas que merece la pena seguir librando.
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